La decisión de la candidata presidencial del Frente Amplio de negarse a asistir a un “panel” televisivo donde participa el colaborador y ex ministro de la dictadura cívico-militar y de Pinochet, Sergio Melnick, ha sido criticada por los medios derechistas y conservadores y también por políticos de la llamada “centro izquierda” concertacionista.
Beatriz Sánchez declaró sin ambages: “no quiero validar que en televisión haya un panelista que fue ministro de un dictador”.

Se ha llegado al extremo de sugerir que Beatriz Sánchez no estaría dispuesta a “dialogar” con los opositores en un futuro gobierno de la nueva fuerza política. Y que al vetar a sus contradictores como Melnick estaría negando el valor de la libertad de expresión.

Que lo anterior lo repitan medios de derecha y políticos que sabotearon de manera sistemática el pluralismo informativo, como lo hizo la derecha conservadora y pinochetista así como la Concertación, es una muestra más del cinismo hipócrita de las elites que han controlado la vida política postdictadura.

Beatriz Sánchez ha hecho lo que se esperaba de una figura democrática: que rechace de plano darle legitimidad mediática a un individuo como Melnick que guarda en su mochila existencial el prontuario vergonzoso que implica el haber colaborado con un Estado que programó la eliminación física y la tortura de ciudadanos y profesionales de la información además del cierre de escuelas de periodismo. Al igual que el gobierno totalitario de Hitler y los exterminadores nazis del pueblo judío.

Que individuos como Melnick, de ascendencia judía, hayan participado de un gobierno que asesinó impunemente a sus opositores muestra la calaña del personaje que se sigue paseando en las tribunas que le ofrecen los medios que pontifican acerca de la democracia; como lo hace La Tercera que el sábado pasado salió en su defensa.

Ya es hora que la llamada “derecha liberal” dé muestras de serlo; aquello de “liberal”: que se deshaga de políticos con un pasado de colaboradores de la dictadura. Con la derecha liberal se dialoga y a los defensores de los regímenes criminales se los mete preso o condena al ostracismo. Es lo que habría que hacer con Melnick.

Ya es hora que los políticos, hombres y mujeres, rompan con los habitus programados por los pactos de silencio y den muestras de entereza ética como lo acaba de hacer Beatriz Sánchez y el Frente Amplio.

 

Leopoldo Lavín Mujica, B.A.en Periodismo y Filosofía y M.A. en Comunicación Pública de la Universidad Laval, Canadá, Québec.