Desde nueva Constitución hasta el Ministerio de Ciencias, pasando por el plan nacional de salud. Los pendientes del Gobierno se acumulan a menos de dos meses de las elecciones presidenciales y el principal temor es el futuro: ¿qué le podemos pedir a un gobierno de derecha, si el que se decía reformista tienen en sus filas a los más férreos defensores del modelo?

No queda tiempo para más, al menos esa es la idea que ronda a pocas semanas de las elecciones presidenciales. La confirmación más clara de este estado de inacción llegó con las declaraciones del diputado demócrata cristiano Gabriel Silber, quien aseguró que proyectos como el Ministerio de Ciencias o el de Asuntos Indígenas nunca verían la luz.

Hay quienes celebran la noticia, principalmente los que evalúan que durante el gobierno de Michelle Bachelet se dieron muchos palos de ciego para acelerar algunas discusiones. Caso contrario ocurre – por ejemplo- con el mundo de la ciencia. Hombres y mujeres que confiaron que bajo la administración de la Nueva Mayoría iba a existir un cambio político de Chile con la producción de conocimiento.

Las señales de que este compromiso no llegaría a puerto se iniciaron al menos hace dos años, cuando miles de batas blancas se apostaban a las afueras del palacio de Gobierno para exigir mejoras laborales, económicas, pero principalmente políticas: por primera vez en la historia, los científicos abandonaban sus laboratorios para comunicarle al país que de no invertir más recursos en ciencia y tecnología ni gestionar de mejor forma los existentes, nunca íbamos a cambiar nuestro modelo de desarrollo ni acabar con la desigualdad.

A eso le siguió la crisis en Conicyt, esa que acabó con Francisco Brieva fuera de la institución al año de haber asumido el cargo de presidente y en medio de la discusión por presupuesto, tal cual había sucedido con su antecesor, José Miguel Aguilera. Antes de todos esos problemas, en agosto de 2013, el recién llegado gobierno de la “retroexcavadora” recibía con gran despliegue mediático el informe “surfeando hacia el futuro” un texto elaborado por el Consejo Nacional para la Innovación y el Desarrollo que contenía los lineamientos para pensar en el Chile del mañana de la mano de la innovación.

Al igual que otros planes, el documento encargado al equipo entonces dirigido por Fernando Flores quedó archivado en algún escritorio de La Moneda, marcando un presagio de lo que sería el incumplimiento de aquellas llamadas promesas estrellas.

Junto con el Ministerio de Ciencia, atrás quedó también la idea de elaborar una nueva Constitución. Si hablamos de visionarios, fue el senador Alejandro Navarro quien ya en 2014 dijo que Michelle Bachelet no lideraría la redacción de una carta fundamental que reemplazara la que nos rige desde la dictadura. ¡Qué decir de hacerlo bajo una asamblea constituyente!, la propuesta más popular de 2012 hoy ni siquiera se incluye en las nuevas candidaturas presidenciales.

La lista suma y sigue: lo que era el proyecto de Nueva Educación Pública quedó desmembrado y hoy, con el empuje de los propios senadores de la Nueva Mayoría, está a un paso de ser sepultado, junto con la idea de ponerle fin al lucro en la educación particular subvencionada.

El canal cultural de TVN, el plan hospitalario nacional, la ley de garantía integral para la Infancia, la reforma a las pensiones y la descentralización son nombres que se suman a lista de los pendientes.

Seríamos injustos si dijéramos que nada se hizo en esta administración. Es imposible no reconocer que se avanzó en gratuidad para la educación superior, en cobertura universal de educación inicial, en derechos para los discapacitados o en el aborto en tres causales, por nombrar algunos.

Y si bien al final de cada gobierno es necesario poner todo en una balanza, dejando de lado los blancos y negros. En este caso, lo más preocupante no son las deudas sino el comportamiento de los propios correligionarios que ¡con retroexcavadora en mano! anunciaron el inicio de un nuevo ciclo nacional de la mano de la Nueva Mayoría.

Hoy la Coalición no existe y ante el eventual giro a la derecha que puede tomar al país, la pregunta que se abre es ¿si un gobierno que se autodenominó progresista no puedo desarticular el corazón de la dictadura instalado en nuestro país, cómo podrá hacerlo uno liderado por un empresario (cada vez más conservador) que promete revertir lo poco avanzado?

Las esperanzas se sepultan más cuando vemos cómo esos representantes del “mundo de izquierda”, esos que trabajaron por la “democracia” salen empatados con ideas en contra de la gente para defender sus propios intereses. ¡Que nos pillen confesados! Porque si un socialista (o ex) clama por expulsar a los migrantes y otros militantes del pacto de Gobierno buscan defender a los empresarios de la educación ¿qué le podemos pedir a Piñera y Chile Vamos?