Yemen, el país más pobre del mundo árabe, sigue siendo blanco de la agresión saudí y cuya situación empeora día tras día ante el silencio de la comunidad internacional y las organizaciones competentes.

En este artículo pretendemos exponer los efectos de la invasión de Riad a este país y sus consecuencias, además de las tácticas que ha adoptado la monarquía saudí para poner fin a la guerra tras casi 3 años.

Invasión saudí

El pueblo yemení, desde el 19 de marzo de 2015, está sumergido en una guerra no deseada cuyo resultado ha sido una mayor inestabilidad, la masacre de decenas de miles de civiles y millones de personas al borde de la hambruna y las enfermedades. Según los informes de la ONU, en los últimos dos años, más de diez mil yemeníes han perdido la vida como consecuencia directa de las agresiones aéreas saudíes. Las cifras también hablan de más de 2 millones de desplazados.

Detrás de esta invasión hay encerrados varios motivos para la monarquía saudí: restablecer en el poder al expresidente fugitivo yemení, Mansur Hadi, oponerse a la concesión de cualquier cargo al expresidente, Ali Abdolá Saleh, en el futuro político del país, debilitar al movimiento popular Ansarolá y conseguir que estos depongan sus armas.

Estos fueron los objetivos que declaró oficialmente Riad, pero detrás de esta escena existe otra realidad. De hecho, las verdaderas causas se pueden ubicar en tres contextos: local, regional e internacional. Es decir, la guerra se llevó a cabo para desviar la atención de la opinión pública saudí sobre los problemas internos que enfrenta el país, impedir la propagación del despertar del pueblo yemení hacia su territorio, a causa de la preocupación de Riad por la relación entre los chiíes residentes en Yemen y los suyos, prevenir el fortalecimiento de los miembros de esta rama del islam en Yemen, luchar contra la influencia de la República Islámica de Irán en sus fronteras, intensificar la iranofobia, así como luchar contra el eje de Resistencia y presentarse ante el mundo como un poder regional.

Sin embargo, después de este largo periodo de invasión saudí, no solo Riad no ha conseguido sus objetivos, sino que el movimiento Ansarolá ha logrado hacerse con un mayor poderío dentro del país, de tal forma que no se puede imaginar el futuro yemení sin su presencia. Es por ello que surge esta pregunta: ¿Por qué Riad, pese a su fracaso en Yemen y a la pérdida de miles de millones de dólares, mantiene pesa campaña belicista?

¿Por qué Arabia Saudí no termina la campaña militar en Yemen?

La respuesta radica en que el conjunto de acontecimientos en Irak, Siria y El Líbano, han preocupado a la monarquía saudí. En todos estos países, las fuerzas y los personajes apoyados por Riad han quedado marginados en la escena sociopolítica del país.

En este contexto, hay que señalar que en Irak, los chiíes gobiernan el país y bajo ninguna condición quieren acompañar las políticas saudíes, e incluso consideran a la monarquía saudí como creadora de los terroristas Daesh. En Siria pasa lo mismo, y los grupos bajo control de Arabia Saudí, es decir, Daesh y el Frente Al-Nusra, han fracasado en su lucha contra el Ejército sirio y se han retirado de su territorios. Riad también fracasó en su plan para desestabilizar El Líbano puesto que el premier Saad Hariri siguió en su cargo y no aceptó el orden de dimitir para presionar al Movimiento de Resistencia Islámico de El Líbano (Hezbolá).

Este conjunto de hechos forzó a las autoridades saudíes a reconocer que se encuentran en una posición de debilidad en la región de Oriente Medio, y Yemen también se está saliendo de control. Esto es algo que Riad no quiere permitir y, por ello, ha recurrido a diferentes métodos.

La monarquía saudí, cuando vio que su constante bombardeo no ha tenido ningún efecto positivo en Yemen ni ha hecho que este país y Ansarolá se rindan, recurrió a la imposición de un bloqueo multilateral aéreo, terrestre y marítimo. Esta medida, además de dejar a la mayoría de los yemeníes al borde de la hambruna, motivó diferentes tipos de enfermedades debido a la falta de medicinas y ayuda humanitaria.

Esta nefasta estrategia se enfrentó con la oposición y las críticas de la comunidad internacional, incluso de los aliados más cercanos de Riad. Razón por la cual, Al Saud recurrió a otra medida, es decir, realizar un golpe dentro de Yemen.

Los saudíes, con el fin de debilitar al movimiento Ansarolá, intentaron acercarse a Ali Abdulá Saleh. Informes no confirmados señalan que Riad había prometido a Saleh devolverle al poder, en caso de eliminar a Ansarolá de la escena sociopolítica del país. Por lo tanto, Saleh después de 3 años de cooperación con Ansarolá decidió dialogar, de forma unilateral, con Arabia Saudí. Este hecho provocó grandes enfrentamientos entre las fuerzas leales a Saleh y el ejército popular yemení. Los choques terminaron con la muerte de Saleh y la escena sociopolítica yemení entró en una nueva fase.

En este contexto, hay que señalar dos resultados importantes del asesinato de Saleh. El primero reside en que Arabia Saudí perdió su única carta en la situación actual de Yemen. Y el segundo se basa en el fortalecimiento de la posición de Ansarolá tras la revelación del complot saudí. Sin embargo, no todo termina ahí, sino que la situación se complicaría mucho por diferentes causas. Antes, las fuerzas de Saleh y de Ansarolá habían formado una frente común para luchar contra los seguidores de Mansur Hadi, no obstante, hoy con la muerte de Saleh, los combatientes de Ansarolá, además de luchar contra los seguidores de Hadi, tienen que enfrentarse con los de Saleh. Sin duda alguna, esta situación generará una mayor catástrofe en Yemen, alejando al país de una solución política. Además, no hay que olvidar que Arabia Saudí seguirá apoyando a las fuerzas de Saleh para profundizar la brecha entre ellas y las de Ansarolá y debilitar a este movimiento. En estas circunstancias y para evitar mayores pérdidas humanas y una eventual eliminación de Ansarolá en Yemen, este movimiento debe allanar el terreno para iniciar diálogos con el mundo y atraer el apoyo internacional para buscar una solución a la guerra.

En este sentido, hay que mencionar que si Ansarolá puede controlar la situación y coordinar con los grupos moderados yemeníes, la comunidad internacional se opondrá más que nunca a los saudíes y Riad no tendrá otro remedio que aceptar a este movimiento en el futuro político del país. Asimismo, los saudíes tienen que entender que la eliminación de Ansarolá es inútil, y hasta que no puedan aceptarlo como parte de la escena política yemení, no se detendrán las llamas del fuego en este país.

 

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